sábado, 30 de enero de 2021

Peán a Apolo











Peán a Apolo



(enteramente para vos, desconocido)


“… descendió de las cumbres del Olimpo
con el arco y el cerrado carcaj en los hombros...”

Homero - "La Ilíada"
(Canto I)





Como no recordarlo en su entera desnudez
y de pie.
Ahí.
Altivo.
Terrenal.
Perfecto.
Pura proporción.
Un Olimpo de genes lo había favorecido,
sin dudas,
al nacer
alumbrado
rodeado por reflejos involuntarios de extrañas aguas.
Era la total armonía de las formas
el cabello soberbio
con un remolino inquieto
los poderosos ojos de ría revuelta
sus brazos.
En magnánimo esplendor de la carne
allí estaba
todo él siendo
la completa Idea de belleza
(hasta entonces
me jactaba yo de ser
tan temidamente
antiaristotélica!).
La piel 
la piel
la piel
la piel.
En mármol pulido
firme
torneado en músculos
el cuerpo escrito bellamente con acordes enlazados
torso implacable
medidas y pausas soberanas
la voz libre de jaula.
Ah! Su boca!
Oráculo soberbio
espacio
perfecto.
Perfecto.

Quise escucharlo nacer
lumínico
de mi Lago Sagrado.
Quise donarle esa, mi deidad
volverme así
su única ave de culto,
Apolo Belenus!


que tú ni sospechas
 que tengo la llave muda que abre el misterioso carcaj.

Hombre
con poderes de deidad
tu profético futuro me escudriña las sales.
Eres la flecha precisa
yo el arco en tus manos.
Apolo Citaredo
jefe de todas mis musas
señor de la voz,
traerás la plaga, o la cura?
el canto crepitante, o la redención?
la tragedia, o la desmesura?

Flechador imponente,
puedo ser un girasol entreteniendo tus dedos de mago
apenas
yo
heliótropa
de tu andar
puedo desbordarme
dionisíaca
perdida
por siempre
puedo hasta dejarte marchar
cada invierno
en tus viajes a la Hiperbórea
mientras
cuido
del fuego de tu oráculo.

Supe
de inmediato
en ese mismo instante en que lo ví
que nada me importaba nada
excepto conjugarme con él
en las formas más elementales
y sublimes
ser de él
estar en él
(ay de mí!)

Diáfanos
el sexo nos enredó.
Animal divino!

Recuerdo
(cómo no recordar...)
que luego de flotar fuera del tiempo
largamente
bajo los párpados
quise dormir
dormir como quien despierta teme
haber soñado.
Dormir como los dioses.





Gabi Romano
Del poemario "Peán - De amor y otras guerras" 


Imagen: “Making love”
By T. Glow
http://www.flickr.com/photos/tglow/493137963/


                                                                   


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miércoles, 15 de julio de 2015

The glass is always half full












The glass is always half full





Y cuando fui rehén de noches cerradas
no fui presa de la inclemente oscuridad
sino aprendiz de inquietantes cometas.





Gabi Romano
Del poemario "Desértica" s/d



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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Travesías temporales



 






Travesías temporales




Estamos hechos
de agua 
y tiempo.
Quizás por eso mismo
cuando atravesamos los peores desiertos
nos deshacemos
en lágrimas 
y esperas.





Gabi Romano
Del poemario "Desértica" (s/d)

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viernes, 2 de mayo de 2014

Tornasol (haiku)









 

 Tornasol 



Cielo rotundo
pasea el otoño
mil hojas muertas. 




Gabi Romano
Del poemario "Semillas de Haiku" (2000-2001)


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jueves, 19 de diciembre de 2013

Rizomatices

 







 Rizomatices




Nací entreverada de raíces.
Crecí en fuga.
Ahora ardo mi propia flama.
En el final, me tomaré de las ramas que me extienda el viento.
El vacío tendrá la última palabra.
Haré mío, finalmente, el misterioso don de disolverme. 



Gabi Romano
Del poemario "El capullo, la seda y el gusano" (1986)


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viernes, 1 de noviembre de 2013

Temporal (haiku)



 








Te
mporal






Agua de lluvia
ojitos de pájaro
los nidos lloran.






Gabi Romano
Del poemario "Semillas de Haiku" (2000-2001)



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jueves, 19 de septiembre de 2013

Extraño











Extraño



from the torrent, or the fountain,
from the red cliff of the mountain, 
from the sun that round me rolled

Edgar Allan Poe




Extrañamente
no es que te extrañe
y es tan extraño entonces
que, sin embargo, igualmente te ande extrañando
aquí
extrañándome
de que alguna vez hayas sido
la extrañeza de todas las causas
de que alguna vez hayas estado
creando todos mis extraños efectos
de que alguna vez hayas habitado
dentro de aquel completo extrañamiento
sin fines
desconfinada
extraño al tiempo
en que (apenas eso era)
yo era una extrañable extraña
extrañándote
cuando (aún, aún eso eras)
tú eras un perfecto 

p-e-r-f-e-c-t-o
perfecto extraño
y nos ahuecábamos la vida en cada extrañarse

de a dos
sin dos
extrañamente.





Gabi Romano
Del poemario "Desértica" (s/d)

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martes, 19 de febrero de 2013

Antimapa














Antimapa








Dialectos perdidos
(sobre el final, toda ruta vacilada también hablará por mí).





Gabi Romano
Del poemario "Philopoiésis" (2004)


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domingo, 23 de diciembre de 2012

Insolación













Insolación



"You are the storm".
Sam Harris


En un descuido de lo absurdo
a la vuelta de una traicionera esquina de la memoria
todo sigue
inclemente
sentido
sin sentido
transpirando heridas
arrumbado
inútilmente vivo.




Gabi Romano
Del poemario "Desértica" (s/d)



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sábado, 4 de agosto de 2012

Epígona en caída libre



 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Epígona en caída libre







Esta vez
me pariré
de propia matriz saldré a mi luz
naceré de nuevo
desacordonada
empapada sólo del humus que soy.




Me iré un tiempo a vivir. Tengo un pasaje sin escalas a otro mundo epitelial, flamígero, eólico, impar.
Voy directo a desfragmentarme en una excepción, y por lo que dure esa breve eternidad, llevaré una lámpara encendida entre las manos para aprender desde la yema de los dedos como se ha de caminar sobre las piedras de un volcán.
Como una impávida espartana dormiré a cielo abierto hasta que la incertera Artemis que me habita envié desde mis propias venas la señal para aquietarme en el refugio límbico de Crates.
Tomaré ciertos desvíos, sí, me desviaré haciendo caso omiso a cualquier trampa o artificio. Iré descalza y a tientas siguiendo el aroma a luz suave que deja el pabilo lento, las trazas incandescentes de las últimas chispas (las últimas chispas?).
Me cortaré un mechón de pelo, buscaré algo de tierra fértil y secretamente lo sembraré con sumo cuidado dentro de una vieja guitarra. Los raros bucles que de allí crezcan se atarán solos al clavijero, cabelloscuerdascriaturas que desenroscadas recorrerán todo a lo largo la tensión diapasónica a la espera de que ciertos dedos me transformen en inciertas notas musicales. No esperaré resultados. Sólo vibraré. Casi será primavera.
Me alejaré de las siniestras telarañas del cálculo. Fundaré mis pasos en un sincero involuntariado.
Divinizaré mis intemperies.
Llevaré un sombrero que será la extensión de mi aura venenosa. 
Permaneceré largamente suspendida al borde de cautivantes cornisas hasta que algunas gotas de lluvia me vuelvan a recordar que no soy intangible. Y si el agua insiste en caer intensa y desproporcionada, sacaré del bolsillo una hilacha transparente con la que me ataré de un gran árbol ramoso. Trepada a su copa, en lo alto y soberano del verdecer, olvidaré cualquier propensión a los naufragios.
Si lo fugaz y la estrella pasaran ante mis ojos, no dudaré en nadar por el aire hasta hacerme una con el destello. Nereida narcotizada, seré lo que vea, me volveré lo que mire. Mis ojos dictarán de ahora en más los contornos de mi ontología.
No podré caerme, claro está, porque la mayor parte del tiempo no tendré los pies sino en la cabeza y la cabeza en los pies, o porque seré arte y parte de una extraña condición levitativa, o porque me llevará la vida inescrupulosamente en andas, o porque quedaré prendida de la cola de arcoiris de un cometa vagabundo.
Haré el amor a la deriva, en plazas públicas, bajo disfuncionales faroles titilantes, sobre los erosionados mármoles de las escaleras universitarias, en los asientos invisibles de algún colectivo cansado de girar por los mapas de los suburbios, amparada por un cielo indeleble donde el viento sonará como un aria, en las callejas neblinosas cuando el primer rayo de sol se anuncie con el trino de algún pequeño pájaro citadino.       
En cuanto los cascabeles desafinen y se vuelvan puro cansancio de sonar, me buscaré un pantano donde aullar en paz hasta que indefectiblemente me pierda junto con mi voz.
Acariciaré a los perros callejeros. Les contaré los saltos de sus pulgas. Seguiré a los gatos solitarios hasta sus escondites y dormiré con ellos despreocupadas siestas barrocas.
Sí, me volveré animal.
Todo lo que toque transmutará en instinto, o en oráculo, o en risa, o en color.
Me saldré de control insolentemente. Desmarcada. Fugitiva. Otra. Otras.
Finalmente seré un jubiloso enigma inaccesible.
Tal vez en ocasiones llore. Tal vez me vuelva aún más insomne.
Tal vez hasta tenga miedo. Tal vez me olvide de que existen los timones.
Tal vez hasta me vaya recordando. Tal vez pierda la memoria de los rayos fríos.
Tal vez el silencio me golpee. Tal vez no salga ilesa de entre tanta agitada travesía.
Algo arderá bajo el puente que deje a mis espaldas. No daré un paso atrás, aún si la muerte me espera antepuesta (después de todo, qué más da... siempre la muerte me llevará la maldita delantera).  
Seré presa fácil de finas pasiones que sepan hablarle a mi ombligo en su exclusivo dialecto. No aceptaré otros idiomas, ni lenguas, ni arbitrios. Estaré asignada, y sólo así aceptaré que vuelvan a mí las fatalidades, los designios, las magnitudes. Me erigiré protagonista de mi propia tragedia, mi propio corifeo griego, mi perdición y mi salvación. 
Luego estará siempre él, hechicero de Obsidiana.
Beberé helados de limón mientras él come frutillas de mi entrepierna. Me untaré la cara con su crema seminal mientras jugamos guerras que eviten otras guerras. Caminaré desnuda sólo alrededor de su perfecta cabeza. Lo veré dormir y será el tiempo reservado a lo sublime. Besaré con celos las sábanas que lo rocen. Dispondré el borde de mi blanda crátera en su boca. Bailaré danzas turbias dibujando en el aire, con la tinta que emane de mi pubis oscuro, las letras de su nombre. Seré inclemente. Sí, seré absolutamente inclemente. Sobre su piel afín dejaré al irme un manuscrito sin edad. En su tapa de cuero coralino todos los títulos serán posibles: bastará que él imagine uno con toda el hambre vehementísima de su sangre para que las palabras aparezcan allí, víctimas de un maleficio de pulsos que provoca invocadas realidades una trás otra. El hablará y la palabra se hará, callará y la palabra huirá.
Deberé decirle que todo podría ser una caída.
Lo sé. Lo sabrá.
Si viene, lo tomaré de la mano, fuerte. Lo invitaré a caer conmigo. No, no diré nada, ya lo sabe.
Caída Libre. Desalada.
No habrá después.






Gabi Romano
Del poemario "Desértica" (s/d).



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